Ayuda

María Emilia Riquelme y Zayas-Fernández de Córdoba

Biografía

Riquelme y Zayas-Fernández de Córdoba, María Emilia. Nieves de la Santísima Trinidad. MSS. Granada (Granada), 5.VIII.1847 – 10.XII.1940. Religiosa benefactora, fundadora de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada.

María Emilia Joaquina Rosario Josefa Riquelme y Zayas era hija de María Emilia de Zayas-Fernández de Córdoba y de la Vega, perteneciente al linaje de los Zayas Fernández de Córdoba, descendiente directa del Gran Capitán. Su padre, Joaquín María Riquelme y Gómez, era militar, que llegaría como general, en posesión de la Laureada de San Fernando, al mando de la Capitanía General de Sevilla como jefe del Estado Mayor. Emilia Riquelme estudió francés, piano, pintura, canto, equitación, bordado... Su madre, que le enseñó sus primeras oraciones, murió de cólera en la primavera de 1855 y se instaló con su padre y su hermano Joaquín en casa de sus abuelos maternos.

A los siete años, dijo haber visto a la Santísima Virgen con el Niño Jesús en los brazos. Ya en su juventud, consagró privadamente, con voto de castidad, su virginidad a la Virgen del Carmen.

El 5 de agosto de 1963, su padre fue nombrado subsecretario del Ministerio de la Guerra, trasladándose por obligación de su cargo a Madrid, pero al poco tiempo, por enfermedad pulmonar crónica de su hijo, solicitó traslado a Canarias con la esperanza de un clima más suave que favoreciera la recuperación del pequeño Joaquín. En Tenerife reunió a unos cuantos niños y les explicaba la fe católica: la misa, la confesión, el amor a la Virgen. Se agravó la enfermedad del hermano y se trasladaron nuevamente a Sevilla buscando mejores médicos, pero el 2 de mayo de 1866, Joaquín falleció. Su padre fue nuevamente destinado a La Coruña como capitán general de la VIII Región Militar. Entonces, se decidió a la entrega a Dios en la vida religiosa a lo que su padre se negó. En la Revolución liberal de 1968, el general no rindió la Plaza de la Coruña, mandó a María Emilia a Madrid a casa de su hermana Pepa y tras el destronamiento de Isabel II, depuso el mando y marchó exiliado a Lisboa.

A la vuelta de su padre del exilio, a Emilia le desagradaba la vida de gran sociedad en la capital y, en cambio, visitaba hospitales y a los pobres. En Sevilla, en enero de 1875, el general Riquelme recibió el nombramiento de capitán general de Andalucía; ascendiendo pronto a teniente general y a consejero de Estado. Con Alfonso XII le llegó la jubilación. María Emilia se entregó a obras de caridad: limosnas, pago de estudios eclesiásticos a jóvenes sin recursos, regalo de ajuares a chicas casaderas..., así, fue benefactora de Leopoldo Eijo Garay, que llegaría a arzobispo de Madrid. Por consejo de su confesor, Marcelo Spínola, se asoció a las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Damas de la aristocracia, contemporáneas suyas, destacan su virtud edificante.

En febrero de 1885 falleció su padre. Intentó probar en varias Congregaciones religiosas pero la debilidad de su salud la obligó a desistir. Por rescripto pontificio se le concedió tener a Cristo Sacramentado en su casa. Decidió construir una capilla y casa colindante dedicándolo a la Virgen Inmaculada, y fue gestando los estatutos de una vocación específica. El lema de la nueva congregación de Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada será: “Dulzura y caridad; inmolación voluntaria y alegre por la gloria de Dios y bien de nuestros prójimos”. Pronto llegaron las primeras vocaciones, y el arzobispo aprobó temporalmente las constituciones que regirán la vida comunitaria.

El 25 de marzo de 1896, presidido por el arzobispo, tuvo lugar la imposición de hábitos a las siete primeras novicias y profesión perpetua de Emilia Riquelme, como Madre Fundadora.

Abrió un colegio para niñas en el mismo edificio y el día del Sagrado Corazón de Jesús del año 1900 inauguró la segunda fundación del Instituto en Barcelona.

Pronto corrieron calumnias y difamaciones sobre ella y su fundación; no faltaron los infundios de las que se salieron de la Congregación ni las rebeliones internas. Tras una visita canónica del vicario capitular y de una entrevista con el nuevo arzobispo, las aguas se fueron serenando. Viajó a Roma y el 2 de febrero de 1909 la Congregación obtuvo el Decreto laudis firmado por Pío X. Con cuatro casas fundadas, en 1912 se fue a Roma por la aprobación definitiva del Instituto, que firmó Pío X el 5 de agosto. Pero las insidias y mentiras continuaron.

En 1936, con noventa años, formando parte de la comunidad de Barcelona, al iniciarse la Guerra Civil, tuvo que escapar, huyendo a Francia, de donde pasó a Pamplona, y tras unos meses, a la comunidad de Granada.

El 2 de agosto de 1938, Pío XI aprobó definitivamente las constituciones de la Congregación. En sus últimos consejos, pidió con insistencia a sus hijas que rezasen diariamente el Santo Rosario, “sencillez de corazón y humildad muy profunda”.

Además de España con nueve fundaciones, la Congregación tiene casas en Portugal, tres fundaciones; Brasil, ocho fundaciones; Colombia, siete fundaciones; Bolivia, cuatro fundaciones, y Estados Unidos, cuatro fundaciones.

 

Bibl.: A. Arderiú, Apuntes Biográficos de la Reverenda Madre “María de Jesús Riquelme”, Barcelona, Ed. F. González Rojas, 1942; I. Aizcorbe, Emilia Riquelme, Barcelona, Herder, 1979; Monte arriba. Emilia Riquelme 1847-1940, Barcelona, Herder, 1981; M. Lozano Nieto, Estudio Teológico sobre la vida y obra de M.ª Emilia Riquelme y Zayas, Granada, Gráf. Sur, 1994; J. Álvarez Gómez, CMF, Historia de las Misioneras del Santísimo Sacramento y M.ª Inmaculada, Madrid, Ed. Anzos, 2000; R. Martín Ribas et al., Sublime itinerario. Guía inédita religiosa, hagiográfica, histórica, artística de España, Madrid, Ramiro Martín Ribas, 2004 (2.ª ed. act.,); Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, MISSMI, Nuestra Misión, Granada, Graf. Jufer, 2006.

 

José Martín Brocos Fernández