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Ramón Berenguer IV

Biografía

Ramón Berenguer IV. El Santo. ¿Barcelona?, 1113 – Borgo San Dalmazzo, Piamonte (Italia), 6.VIII.1162. Conde de Barcelona (1131-1162) y de Provenza (1155-1157), Príncipe de Aragón (1137- 1162).

Hijo de Ramón Berenguer III y de Dulce de Provenza, fue prometido, con más de veinte años de edad, en 1137, a la infanta Petronila de Aragón, hija de Ramiro II el Monje y de Inés de Poitiers, que apenas contaba un año, para tratar de garantizar la continuidad dinástica en el Reino; pues, Petronila, según la costumbre del Reino, no podía reinar por sí misma, pero sí transmitir la potestad real al futuro heredero de su unión esponsalicia cuando el matrimonio pudiera consumarse a partir de la mayoría de edad de la infanta de Aragón.

A la muerte de Alfonso I el Batallador en 1134, luchando en el entorno de Fraga contra los almorávides, se abrió una crisis sucesoria al carecer el Monarca de descendencia y haber testado en 1131 a favor de los establecimientos en Tierra Santa de las tres Órdenes militares recientemente fundadas al objeto de proteger los Santos Lugares: el Templo de Jerusalén, el Hospital de San Juan y el Santo Sepulcro; y no tanto a las tres Órdenes en sí. Lo cual planteaba una seria amenaza para la continuidad de Aragón, pues tanto Castilla, con su hijastro Alfonso VII, como Navarra, que había recuperado su dinastía propia con García Ramírez el Restaurador después de haber compartido monarquía desde 1076 con Sancho Ramírez, Pedro I y el mismo Alfonso I, aspiraban a intervenir a su favor, aprovechando la incertidumbre creada.

Pero, en la búsqueda de una solución aplicable para evitar la pérdida de identidad aragonesa, parte de la nobleza del país encontró en la persona del hermano del rey difunto, Ramiro, la clave de la continuidad, a pesar de que el propuesto profesaba en el Monasterio de San Ponce de Tomeras, en el sur de Francia, y tenía el priorato de San Pedro el Viejo de Huesca, además de estar nominado como obispo de Barbastro por su propio hermano el Batallador. Y Ramiro, entendiendo que no se podía perder el prestigio adquirido por sus predecesores, que habían dejado sus vidas en el campo de Batalla (Ramiro I ante Graus en 1064, Sancho Ramírez en el sitio de Huesca en 1094 y Alfonso I en Fraga en 1134), asumió el compromiso, casando con Inés de Poitiers en 1135 y engendrando una hija, Petronila, en 1136. Aunque tal decisión no fue aceptada por las órdenes favorecidas por la voluntad testamentaria del Batallador ni por el Papa que les apoyaba en sus derechos y que también cuestionaba la idoneidad de Ramiro en su condición regia.

Pero el siguiente escollo fue el de resolver la continuidad dinástica buscando un enlace adecuado para la infanta de Aragón, que por su condición femenina no podía reinar por sí misma. Y entre los posibles candidatos, se optó por el conde barcelonés, y no por forzar una unión con Castilla o con Navarra, que podía convertirse a la larga en una amenaza para la supervivencia de Aragón. Además, las buenas relaciones del conde con las Órdenes se materializaron en varios acuerdos entre 1140 y 1143 que satisficieron a todas las partes implicadas, ¿con concesiones inmediatas y para cuando se reconquistaran otras tierras entonces islamizadas. Sólo quedaba el reconocimiento de Roma como sucesor de Alfonso I el Batallador?, pues hasta entonces sólo se le nombraba en la curia como conde de Barcelona y marqués de Provenza.

Pero Roma, que le necesitaba como defensor de la cristiandad, buscó una solución adecuada, acudiendo a que la división eclesiástica debía seguir las fronteras políticas entre Aragón y Castilla; lo que era bien visto por la Iglesia, que evitaba un predominio castellano, subordinando el obispado de Zaragoza al arzobispado tarraconense en 1154. Lo cual sirvió también para la aceptación de la legitimidad de la realeza de Ramiro por parte eclesiástica, tras la controversia de haber tenido que asumir con muchas reservas la dejación temporal por Ramiro de su condición clerical para cumplir su compromiso familiar y monárquico.

A pesar de ello, Ramón Berenguer IV nunca usó el título de rey, que se lo reservó su suegro Ramiro hasta su muerte, sino el de príncipe de Aragón; aunque en los acuerdos de 1137, el Monarca aragonés le cedió la soberanía para el caso de sobrevivir a su cónyuge Petronila y no tener descendencia; lo cual no sucedió porque murió antes que su esposa, dejando como heredero al que fue Alfonso II de Aragón; en quien descargó Petronila todos sus derechos tras la muerte del conde barcelonés en 1162. No obstante, en los sellos labrados del conde, figuró en una cara como conde de Barcelona y en la otra como soberano de Aragón, indicando la consideración de una unión matrimonial que garantizaba, sin embargo, la autonomía propia de ambos estados, enlazados dinásticamente pero no territorial ni administrativamente.

Desde la firma de las arras, Ramón Berenguer recibió, no obstante, la autoridad suficiente para defender los intereses de Aragón frente a las pretensiones anexionistas navarras y castellanas, que venían fraguándose a raíz de la muerte sin herederos de Alfonso I el Batallador en 1134 y su insólito testamento a favor de las órdenes militares; así como también para proseguir la expansión territorial de los dominios confiados por Ramiro y recibidos por herencia condal, sobre Tortosa y Fraga-Lérida, principalmente.

Teniendo que resolver, en principio, tanto las pretensiones de Alfonso VII de Castilla sobre el Reino de Zaragoza, hijastro del Batallador, como la reivindicación del cumplimiento del testamento de Alfonso I por parte de las Órdenes favorecidas, que contaban con el apoyo de Roma.

Así, sobre Zaragoza, el conde barcelonés tuvo que aceptar, de momento, el dominio teórico del castellano, y con los comendadores hospitalarios y templarios llegar a su renuncia sobre los dominios del Batallador a cambio de amplias concesiones territoriales, que serían los núcleos de sus encomiendas señoriales.

Y respecto de las conquistas, Tortosa fue asediada por tierra y mar, con la colaboración de genoveses y occitanos, cayendo en sus manos en 1148, y Fraga y Lérida poco después, en 1149, con la ayuda del conde Ermengol VI de Urgel; sin adjudicarlas a ninguno de los dos estados fundadores de la Corona de Aragón, sino quedando en dependencia directa de la Corona.

Pero el príncipe-conde, además de congraciarse con el Papa romano tuvo interés por hacerlo también con Alfonso VII, su señor feudal como emperador hispánico, el cual había casado en 1138 con su hermana; lo que le llevó a colaborar en 1147 en la empresa contra los musulmanes que llevó al Emperador hasta Córdoba y Sevilla; aprovechando que sus propias fronteras estaban aseguradas.

Por otro lado, el tratado de Tudillén de 1151 con Castilla, hizo que él y sus sucesores se adjudicasen el derecho de conquista sobre Valencia y Murcia; y al morir su hermano Berenguer Ramón I de Provenza y dejar a su heredero Ramón Berenguer III, su sobrino, menor de edad, retuvo la regencia temporalmente.

Pero, concertado el matrimonio del sobrino con Requilda, sobrina de Federico I Barbarroja y con quien se disponía a entrevistarse para frenar sus pretensiones sobre Provenza, Ramón Berenguer IV murió en el Borgo de San Dalmacio, en el Piamonte, el 6 de agosto de 1162.

Sus restos fueron depositados inicialmente en el Monasterio de Santa María de Ripoll, para ser trasladados después a Poblet, designando en su testamento como heredero a su hijo Alfonso (llamado en principio Ramón), Alfonso II de Aragón; siendo su segundogénito, Ramón Berenguer IV de Provenza, conde de Cerdaña y con derechos sobre Carcasona y Narbona como vasallo de su hermano Alfonso.

 

Bibl.: A. de Bofarull y Brocá, La confederación Catalano- Aragonesa, realizada en el período más notable del gobierno soberano del Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV: Estudio Histórico, Crítico y Documentado, Barcelona, Ateneo Catalán, 1872; P. E. Schramm, Ramón Berenguer IV, Els Primers Comtes-Reis, Barcelona, Editorial Vicens-Vives (Història de Catalunya, Biografies Catalanes volum 4), 1960, págs. 1-53.; J. M. Salrach, Ramon Berenguer IV, el Sant (1131-1162), Els comtes sobirans de la Casa de Barcelona. De l’any 801 a l’actualitat, Barcelona, Generalitat de Catalunya, edicions 62, 1987, págs. 96-102.

 

Esteban Sarasa Sánchez