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Pedro Mártir de Anglería

Biografía

Mártir de Anglería, Pedro. Arona (Italia), c. 1456 – Granada, X.1526. Historiador y humanista italiano, testigo privilegiado en la Corte de los Reyes Católicos.

Perteneciente a una familia supuestamente entroncada con los condes de Anglería, nació en Arona, pequeño burgo del ducado de Milán situado en las orillas del lago Mayor, entre los años 1455 y 1459, y probablemente en 1456.

En 1476 dejó Milán y marchó a Roma, donde permaneció por espacio de diez años (de 1477 a 1487), durante los pontificados de Sixto IV e Inocencio VIII.

Llegó a alcanzar un puesto de relevancia, pues fue secretario del milanés Francesco Negro, gobernador de Roma durante el pontificado de Inocencio VIII. Conoció a notables humanistas, como Pomponio Leto, de quien recibió una sólida formación clásica y al que profesó gran respeto y cariño, a importantes eclesiásticos, como el cardenal Ascanio Sforza, o el arzobispo de Pamplona Alfonso Carrillo, y sobre todo al embajador español ante la Santa Sede Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla. Éste había llegado a Roma el 13 de septiembre de 1486. Debió de conocer a Mártir de Anglería en casa del obispo de Pamplona, y de este conocimiento surgió la amistad y la posterior invitación, una vez concluida su misión diplomática en 1487, de viajar a España, donde podría dedicarse a enseñar en la Corte de los Reyes Católicos.

Algunos importantes amigos y parientes suyos de Italia se extrañaron mucho de que se decidiese a cambiar Italia por España en pleno Renacimiento y con las dotes que atesoraba el de Anglería.

Los motivos que explican su venida a España los resume así: se sintió atraído por la fama de los Reyes Católicos, por la unidad de los reinos de España que contraponía dolorosamente a la división de Italia, por la lucha contra los infieles: “Dije que Italia estaba tranquila en el exterior, pero que —para su ruina— en el interior estaba demasiado afanosa: que en España sucedía todo lo contrario. Italia se desgarraba en opuestas tendencias. Mientras que España estaba completamente unificada”. Dice de los Reyes Católicos que “profeso veneración al Rey y a la Reina de España, tan íntimamente compenetrados, como a seres sobrehumanos, pues es seguro que trascienden a divinidad”. Dice de la Reina: “Es esta mujer más fuerte que un varón fuerte”. Continuamente deja entrever que España y esta Monarquía está predestinada a grandes gestas y él se ve como un privilegiado para contárselo al mundo.

Partió de Roma el 28 de agosto de 1487 y el 13 de noviembre se encontraba en presencia de Fernando e Isabel y en compañía del conde de Tendilla, su patrón en España.

En 1488 entró en la Corte de los Reyes Católicos, quienes le señalaron una renta y le agregaron a su Corte. Participó en el sitio de Baza y asistió en 1492 a la campaña militar de la conquista de Granada.

Por junio de ese mismo año fue llamado por la Reina a Valladolid para encomendarle la enseñanza de los caballeros de la Corte. El 2 de octubre fue nombrado contino de la Casa Real con una asignación de 30.000 maravedís anuales. Poco después se ordenó sacerdote y más tarde recibió la dignidad de capellán.

Entre 1492 y 1501 Mártir de Anglería siguió la Corte itinerante de los Reyes Católicos, recorriendo las principales ciudades de España, dedicado casi exclusivamente a la enseñanza de los nobles. Trataba de compaginar la enseñanza de latín, la formación moral y el conocimiento de la historia y de la Iglesia.

El rey Fernando le confió una misión diplomática ante el sultán mameluco de Egipto o, como gustaba llamarle Mártir, Soldán de Babilonia, con el fin de que los acontecimientos de España, como la toma de Granada, no repercutiesen negativamente sobre los reinos cristianos y su comercio, sobre los peregrinos a Tierra Santa y sobre los frailes que cuidaban de los Santos Lugares. El 14 de agosto de 1501, Pedro Mártir salió de Granada, bordeó Barcelona, amenazada de peste, llegó a Venecia el 30 de septiembre y hasta el 23 de diciembre no pisó Alejandría, alojándose en casa del cónsul catalán, Felipe de Parets o Paredes. Un mes después recibió licencia del Sultán para la entrevista que se produjo a partir del 2 de febrero. El 27 salió de El Cairo y el 22 de abril llegó a Alejandría. El éxito de esta embajada fue completo. Consiguió todo lo que se había propuesto y lo recordará con orgullo el resto de sus días. El 31 de mayo de 1502 desembarcó en Venecia y, tras pasar por su tierra, Milán, el 10 de agosto se hallaba ya en Zaragoza. De esta embajada Pedro Mártir dejó un relato pormenorizado en su Legatio Babilónica, constituida por tres cartas escritas en latín y dirigidas a los Reyes Católicos.

A finales de 1502 (15 de diciembre) fue nombrado “maestro de los caballeros de mi corte en las artes liberales”, puesto que ya ocupaba, aunque sin nombramiento oficial. Un año después fue propuesto por la Reina Católica al priorazgo de la iglesia de Granada.

Al morir en 1504 su gran protectora la Reina Católica, Pedro Mártir de Anglería abandonó la Corte y marchó a Granada. Allí permaneció hasta que el secretario Miguel Pérez de Almazán lo mandó llamar, para encargarle en 1506 otra misión: mediar ante Felipe el Hermoso y lograr que se suavizaran las tensiones entre él y Fernando el Católico.

Con la marcha de Fernando a sus reinos de Aragón, Pedro Mártir quedó cerca de Juana en un cargo de confianza. Como testigo de privilegio, sus noticias van a permitir conocer día a día los trascendentales sucesos de esos años, como la muerte de Felipe el Hermoso, el deterioro mental de la Reina, el accidentado traslado de los restos del Rey, la estampa del cortejo fúnebre recorriendo campos y ciudades. Mártir, que formaba parte de la comitiva, contó en una de sus cartas: “Así pues, desenterró al marido el 20 de diciembre.

Lo vimos colocado dentro de una caja de plomo, recubierta con otra de madera, todos los embajadores presentes [...] En un carruaje tirado por cuatro caballos traídos de Frigia hacemos su transporte. Damos escolta al féretro [...]”.

Con la vuelta de Fernando el Católico a Castilla en 1507, Pedro Mártir formó parte de su séquito, acompañándolo en todos sus desplazamientos hasta que murió el Rey en 1516.

A Cisneros le tenía poca simpatía, de ahí que le dedique muy pocas líneas en sus cartas. Con la llegada del nuevo rey Carlos I, Pedro Mártir fue favorecido.

Una muestra de ello fue el intento en 1518 de enviarlo como embajador ante el sultán de Constantinopla.

Lo rechazó alegando su avanzada edad. Poco después fue enviado, como portavoz del Rey, ante las Cortes valencianas para tratar de calmar los ánimos de los cada vez más soliviantados súbditos.

En Valladolid vivió y presenció el final de la revuelta comunera. En sus cartas ha dejado unos testimonios de gran importancia. Hasta intentó mediar en el conflicto.

En 1518 el nuevo Monarca le incorporó a los asuntos indianos y le nombró consejero de Indias. Dos años más tarde le encomendó las funciones de cronista, con un sueldo anual de 80.000 maravedís. Al final de su vida, en 1523, fue nombrado arcipreste de Ocaña y en 1524 abad de Jamaica, “paradisíaca esposa”, a la que nunca conoció, sino por las descripciones de los que regresaban de ella.

Además de la obra Legatio Babilónica, escribió también en latín otra más famosa: el Opus epistolarum o colección de ochocientas trece cartas (que en realidad son ochocientas cuatro, ya que se ha saltado un número y ocho de ellas no las escribió Pedro Mártir sino que van dirigidas a él) en las que informaba a sus amigos y protectores de todo lo que sucedía en España, desde 1488 hasta el final de sus días, a modo de reportero de la época. Resulta una importantísima fuente de noticias sobre España, sobre Italia, sobre la política europea en general y sobre el Nuevo Mundo. La primera carta está fechada el 1 de enero de 1488 en Zaragoza e iba dirigida a su patrono y vicecanciller el cardenal Ascanio Sforza Visconti. Existen algunos errores en la datación de algunas cartas que no se han explicado convenientemente.

La tercera gran obra de Pedro Mártir son las Décadas De Orbe Novo que lo han convertido para muchos en “el primer cronista de América” o “el primer historiador del Nuevo Mundo”, compuesta a lo largo de más de treinta años y a petición de distintas personas. Al igual que su Epistolario, constituyen una fuente de primer orden al ser contemporáneo de los hechos que relata. Poseen una visión periodística muy actual. Fueron escritas con el carácter epistolar y se publicaron no de una vez sino por partes.

Van dedicadas al cardenal Ascanio Sforza, al cardenal Luis de Aragón, al conde de Tendilla, su protector, a Adriano VI, al arzobispo de Cosenza, “para que se la entregue al Pontífice”, al vizconde Francesco María Sforza, duque de Milán, y al papa Clemente VII.

Para informarse, muchos protagonistas pasaban por su casa y otros le enviaban escritos y documentos relativos a los descubrimientos americanos. También le facilitaba la información el ser miembro del Consejo de Indias.

En 1526, Pedro Mártir, cansado y algo enfermo, se retiró a Granada, donde en septiembre otorgó su testamento, detallado y meticuloso, para morir al mes siguiente. Fue enterrado en la catedral con el siguiente epitafio en latín: “Rerum aetate nostra gestarum, et novi orbis ignoti hactenus illustratori, Petro Martyri Mediolanensi, caesareo senatori: qui patria relicta, bello granatensi miles interfuit: mos urbe capta, primum canonico deinde priori sanctae huius eclasiae decanus, et capitulum charissimo collegae possuere sepulchrum. Anno MDXXVI” (“Al cesáreo senador, iluminador de las antiguas gestas en nuestra edad y del nuevo orbe desconocido; el cual, dejada su patria, actuó como soldado en la guerra de Granada, y, tomada la ciudad, fue primer canónigo y después Prior y decano de esta Santa Iglesia. El Capítulo erigió este sepulcro a su carísimo colega.

Año 1526”).

 

Obras de ~: Décadas del Nuevo Mundo trad. de A. Millares Carlo, México, 1864, 2 vols.; Décadas, ed. de J. Torres Asensio, Madrid, 1892, 4 vols.; Décadas del Nuevo Mundo, trad.

de J. Torres Asensio, Buenos Aires, 1944, 2 vols.; Cartas de Pedro Mártir sobre las Comunidades, ed. de J. de la Canal, El Escorial, 1945; Legatio Babilónica. Una embajada de los Reyes Católicos a Egipto, ed. de L. García y García, Valladolid, 1947; Opus Epistolarum, Madrid, 1953-1957 (Documentos inéditos para la Historia de España, vols. IX-XII); Décadas del Nuevo Mundo, Madrid, Editorial Polifemo, 1989.

 

Bibl.: A. Ballesteros Beretta, “Cristóbal Colón y el descubrimiento de América”, en Historia de América, vol. IV, Barcelona, Salvat, 1945; A. Marín Ocete, “Nebrija y Pedro Mártir de Anglería”, en Emerita (Madrid), vol. XIII (1947); J. C. Sánchez Martínez, “Pedro Mártir de Anglería, cronista de Indias”, en Cuadernos Americanos (México), vol. 45, n.º 3 (1949); M. Bataillon, “Historiografía oficial de Colón. De Pedro Mártir a Oviedo y Gómara”, en Imago Mundi (Buenos Aires), I, 5 (septiembre de 1954); M. Ballesteros Gaibrois, Escritores de Indias, t. I, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1955; J. Torre Revello, “Pedro Mártir de Anglería y su obra ‘De Orbe Novo’”, en Thesaurus (Bogotá) (1957); H. Harrisse, Bibliotheca Americana Vetusisísima, Madrid, Librería General V. Suárez, 1958; A. M. Salas, Tres cronistas de Indias: Pedro Mártir de Anglería. Gonzalo Fernández de Oviedo. Fray Bartolomé de las Casas, México, Fondo de Cultura Económica, 1959; L. Riber, El humanista Pedro Mártir de Anglería, Barcelona, Barna, 1964; M. Olmedillas, Pedro Mártir de Anglería y la mentalidad exoticista, Madrid, Gredos, 1974; F. Pérez Embid, “Pedro Mártir de Anglería, historiador del descubrimiento de América”, en Anuario de Estudios Hispano-Americanos (Sevilla), vol. XXXII (1975); D. Ramos Pérez, Variaciones ideológicas en torno al descubrimiento de América. Pedro Mártir de Anglería y su mentalidad, Valladolid, Casa Museo Colón, 1982; H. A. Schumacher, Petrus Mártir, der Geschichtschreiber des Weltmeeres, New York, E. Steiger, 1879.

 

Luis Arranz Márquez