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Ernesto Giménez Caballero

Biografía

Giménez Caballero, Ernesto. Gecé, El Robinsón literario de España. Madrid, 2.VIII.1899 – 14.V.1988. Escritor, intelectual y político.

Nacido en el Madrid más popular y castizo cuando aún resonaban los ecos del Desastre, fue el primogénito de un modesto empleado del comercio que llegó a desarrollar una emprendedora carrera en el mundo de las artes gráficas. Cursó Filosofía y Letras en la Universidad Central, con profesores como Américo Castro, García Morente, Asín Palacios, Ortega o Besteiro. Ya en esos años no vio incompatible la colaboración en una revista de inspiración menendezpelayista, Filosofía y Letras, dirigida por Sainz Rodríguez, y su militancia en un efímero Grupo de Estudiantes Socialistas. Participó en las tareas del Centro de Estudios Históricos y en 1920 obtuvo el lectorado de Español en la Universidad de Estrasburgo, como ayudante del romanista Kohler. Todo parecía augurarle un destacado puesto en la escuela histórico-filológica empeñada en la revisión del pasado hispano bajo las coordenadas del nacionalismo liberal, pero el recrudecimiento de la Guerra de Marruecos con la derrota de Annual, le llevó a intervenir como “soldado de cuota”. Apenas repatriado, en 1923 publicó Notas marruecas de un soldado. Inscrito en un regeneracionismo muy crítico con el sistema, el libro obtuvo los elogios de Unamuno, D’Ors o Indalecio Prieto, y a su autor le costó un proceso instruido por la jurisdicción militar. Finalmente absuelto, retornó a la ciudad alsaciana, donde conoció a su esposa, la italiana Edith Sironi, y empezó su labor periodística enviando crónicas europeas al diario madrileño La Libertad.

El salto hacia un nuevo concepto de escritura lo dio, no obstante, al entrar en El Sol, de la mano de Urgoiti —a cuya Papelera Española estaba vinculado empresarialmente su padre— y en la Revista de Occidente de José Ortega y Gasset. En El Sol hizo popular el seudónimo Gecé en sus innovadoras críticas librescas, reservándose el nombre auténtico para unas “Visitas literarias” no menos atrevidas. Desde un regeneracionismo epigonal fue entrando en el vanguardismo, donde alcanzó su perfil más acusado como escritor, sobre todo cuando conoció al ex ultraísta Guillermo de Torre. Juntos prepararon la empresa capital de su vida: La Gaceta Literaria, quincenario aparecido el 1 de enero de 1927 en el que se dio cita la “joven literatura” junto a las generaciones anteriores —el 98 y el 14— en un propósito sostenido de “nacionalizar” la vanguardia. En su marco, creó el Cineclub Español, potenció todas las actividades culturales vanguardistas y defendió un vago proyecto de unidad ibérica, con especial atención a la cultura catalana, la portuguesa y a los judíos sefardíes del área balcánica.

Entretanto, fue desplegando a un ritmo frenético su propia obra, recorriendo todos los ismos —desde el futurismo al surrealismo— como agudo intérprete de la modernidad: Carteles, Yo, inspector de alcantarillas, Hércules jugando a los dados o Julepe de menta se cuentan entre sus principales creaciones. Con sus “Carteles literarios” llevó la crítica literaria al terreno del arte plástico, en síntesis gráficas que constituyen uno de los hitos de nuestra vanguardia histórica. Hizo, además, su incursión en el cine con sus documentales “Esencia de verbena” y “Noticiario del Cineclub”. Y fundó “La Galería”, desde donde difundió el mobiliario metálico y la arquitectura funcional.

Por debajo de semejante exaltación de “lo moderno” en todas sus manifestaciones, nunca dejó de alentar su sentimiento nacionalista. Y así, la vanguardia —y dentro de ella el futurismo de Marinetti— fue también el cauce para llevar sus supuestos regeneracionistas hacia una aceptación integral del fascismo. Presentada como una “conversión”, la hizo pública en 1928 tras visitar Roma esa primavera, guiado por Curzio Malaparte, a quien tradujo en un libro que tituló En torno al casticismo de Italia. Su prólogo —“Carta a un compañero de la Joven España”—, publicado simultáneamente en La Gaceta Literaria el 15 de febrero de 1929, puede considerarse el manifiesto intelectual originario del fascismo hispano. Su deriva ideológica y el nuevo clima espiritual en vísperas de la llegada de la Segunda República llevaron a la crisis final de La Gaceta, seis de cuyos últimos números se acogieron al rótulo de El Robinsón literario de España (1931-1932), su nuevo seudónimo. En sus páginas hizo un ajuste de cuentas al vanguardismo, a sus antiguos amigos y maestros —empezando por Ortega— y rompió definitivamente con la cultura política liberal. Genio de España, escrito en un tono lírico y profético, supone su regreso desde la vanguardia a una reinterpretación del lugar de España en el pasado y en el porvenir, a la luz del fascismo, en una línea muy filoitaliana. Con esta obra inició la elaboración de un “sistema” presentado como alternativo al liberal orteguiano. Su culminación vino con Arte y Estado (1935), la tentativa más lograda de construir en España una estética fascista. Antes había escrito El belén de Salzillo (Origen de los nacimientos en España), que fue Premio Nacional de Literatura en 1934.

En paralelo a su obra intelectual, desde comienzos de los años treinta participó en todas la iniciativas políticas de este signo. Estuvo en la aparición de La Conquista del Estado, junto a Ledesma Ramos, del que pronto se apartó al proclamarse la República, e incitar a Azaña a la asunción de la jefatura de una “revolución nacional”. Se acercó a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) a comienzos de 1933, cuando se fraguó el lanzamiento de El Fascia, en estrecho contacto con el embajador italiano Guariglia y giró en la órbita de Falange Española, al producirse su fusión con las Juntas al año siguiente. Con la crisis de enero de 1935 se apartó de Falange por sus discrepancias con la línea estratégica seguida por José Antonio Primo de Rivera. Y se lanzó a la creación de un Partido Económico Patronal Español, tras acercarse a los dirigentes de Acción Española, que le ofrecieron un homenaje cuando ganó la cátedra del instituto Cardenal Cisneros. En las elecciones de febrero de 1936 figuró como independiente en la candidatura madrileña del Frente Contrarrevolucionario, sin conseguir el acta de diputado.

El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid. Logró escapar a Italia, donde fue recibido en audiencia por Mussolini. Allí publicó, un par de años más tarde, Roma Madre, que fue traducido por Carlo Boselli como Roma risorta nel mondo, que recibió el Premio Internacional de San Remo. En noviembre de 1936 volvió a España, presentándose a Franco en Salamanca. El general lo colocó a las órdenes de Millán Astray para que se hiciera cargo de los servicios de propaganda del Cuartel General. Colaboró en toda la prensa nacionalista, con exaltaciones del caudillo y su naciente régimen que rozaban lo delirante, y contribuyó sibilinamente a la unificación de abril de 1937 escribiendo el discurso de Franco que figuró como preámbulo del Decreto. Y, a pesar de estar mal visto por los falangistas presuntamente auténticos, fue readmitido en Falange. Sin embargo, siendo miembro del Secretariado Político y del Consejo Nacional del partido, sus aspiraciones políticas se vieron defraudadas, hasta el punto de marchar como alférez provisional al frente, donde editó el periódico Los Combatientes.

Al finalizar la guerra, se reintegró en su cátedra del Cisneros, fue profesor en la Escuela Oficial de Periodismo, prosiguió sus apologías del régimen y fue designado procurador en Cortes. Partidario de intervenir en la guerra junto a la Alemania nazi, en octubre de 1941 asistió como delegado español al Congreso de Escritores Europeos celebrado en Weimar. Su obra literaria fue perdiendo en calidad a medida que ganaba en volumen y su papel en la vida cultural española fue cada vez más marginal. Por su carácter renovador merecen destacarse, sin embargo, sus publicaciones pedagógicas, como Lengua y Literatura de España. En 1947 fundó la tertulia del Café de Levante y editó el periódico ¡Levante!, con sus alumnos de Periodismo; allí reivindicó a los libertadores y recorrió todos los países del mundo hispano, impartiendo conferencias y publicando libros sobre muchos de ellos. En 1958, después de haber sido agregado cultural, fue nombrado embajador de España en Paraguay, donde permaneció más de una década. Vuelto a España —donde estaba casi por completo olvidado— obtuvo un relativo reconocimiento con la reedición de algunas de sus obras anteriores a la guerra, la reimpresión facsimilar de La Gaceta Literaria y la publicación de Memorias de un dictador. Asimismo, en las postrimerías de su vida recibió el Premio Espejo de España por Retratos españoles (bastante parecidos).

 

Obras de ~: Notas marruecas de un soldado, Madrid, Imprenta de E. Giménez, 1923; Carteles, Madrid, Espasa Calpe, 1927; Los toros, las castañuelas y la Virgen, Madrid, Caro Raggio, 1927; Yo, inspector de alcantarillas (Epiplasmas), Madrid, Biblioteca Nueva, 1928; Hércules jugando a los dados, Madrid, La Nave, 1928; Julepe de menta, Madrid, La Lectura, 1929; Circuito imperial, Madrid, La Gaceta Literaria, 1929; Trabalenguas sobre España, Madrid, CIAP, 1931; Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional. Y del mundo, Madrid, La Gaceta Literaria, 1932 (8.a ed., Barcelona, Planeta, 1983); Manuel Azaña (Profecías españolas), Madrid, La Gaceta Literaria, 1932; La nueva catolicidad, Madrid, La Gaceta Literaria, 1933; El Belén de Salzillo en Murcia (Origen de los nacimientos en España), Madrid, La Gaceta Literaria, 1934; Arte y Estado, Madrid, Gráfica Universal, 1935; Exaltación del matrimonio, Madrid, Sociedad General de Librería, 1936; Roma risorta nel mondo, trad. de Caria Boselli, Milano, U. Hoepli, 1938 (ed. esp., Roma Madre, Madrid, Jerarquía, 1939); Lengua y literatura de España, Madrid, Imprenta de E. Giménez, 1940-1949, 6 vols.; España nuestra. El libro de las juventudes, Madrid, Vicesecretaría de Educación Popular, 1943; La Europa de Estrasburgo. Visión Española del problema europeo, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1950; Revelación del Paraguay, Madrid, Espasa Calpe, 1958; Memorias de un dictador, Barcelona, Planeta, 1979; Retratos españoles (bastante parecidos), Barcelona, Planeta, 1985; Visitas literarias de España (1925- 1928), ed. y pról. de N. Dennis, Valencia, Pre-Textos, 1995; Casticismo, nacionalismo y vanguardia (Antología, 1927-1935), selecc. y pról. de J. C. Mainer, Madrid, Fundación Santander Central Hispano, 2005.

 

Bibl.: G. de Torre, “La trayectoria de Giménez Caballero”, en Síntesis (Buenos Aires), 20 (enero de 1929), págs. 143-156; M. A. Hernando, La Gaceta Literaria (1927-1932). Biografía y valoración, Valladolid, Universidad, 1974; M. A. Hernando, Prosa vanguardista en la generación del 27 (Gecé y “La Gaceta Literaria”), Madrid, Prensa Española, 1975; L. Tandy y M. Sferrazza, Giménez Caballero y “La Gaceta Literaria” (o la generación del 27), Madrid, Turner, 1977; M. L. López Vidriero, Bibliografía de E. Giménez Caballero, Madrid, Universidad Complutense, 1982; J. Domínguez Lasierra, “Ernesto Giménez Caballero: genio y figura”, en Turia (Zaragoza), n.º 8 (1987), págs. 124-132; VV. AA., “E. Giménez Caballero. Prosista del 27 (Antología)”, en Anthropos (Barcelona), n.os monográf. 84 y extra 7 (1988); D. W. Foard, The Revolt of Aesthetes: Ernesto Giménez Caballero and the Origins of Spanish Fascism, New York, Peter Lang, 1989; E. Ucelay da Cal, “Vanguardia, fascismo y la interacción entre nacionalismo español y catalán: el proyecto catalán de Ernesto Giménez Caballero y algunas ideas corrientes en los círculos intelectuales de Barcelona, 1927-1933”, en J. G. Beramendi y R. Maiz (comp.), Los nacionalismos en la España de la II República, Madrid, Siglo XXI, 1991, págs. 39-95; M. Albert, “‘El saetazo de Roma’. Ernesto Giménez Caballero y la Italia fascista”, en T. Heydenreich (ed.), Cultura italiana y española frente a frente: años 1918-1939, Tübingen, Stauffenburg Verlag, 1992, págs. 95-111; J. Armida Sotillo, “Luis Buñuel, Giménez Caballero y el Cineclub de La Gaceta Literaria”, en Turia (Zaragoza), n.º 20 (1992), págs. 161-182; J. M. Bonet, Diccionario de las vanguardias en España (1907-1936), Madrid, Alianza Editorial, 1995, págs. 261-263 y 290-292; N. Dennis, “De la palabra a la imagen: la crítica literaria de Ernesto Giménez Caballero”, en C. Cuevas García (dir.) y E. Baena Peña (coord.), El Universo creador del 27: literatura, pintura, música y cine, Málaga, Universidad, 1997, págs. 363-378; N. Rehrmann, “Los sefardíes como anexo de la hispanidad: Ernesto Giménez Caballero y La Gaceta de la Hispanidad”, en M. Albert (coord.), Vencer no es convencer: literatura e ideología del fascismo español, Frankfurt, Vervuert Verlag, 1998; R. Gubern, Proyector de luna. La generación del 27 y el cine, Barcelona, Anagrama, 1999; E. Selva Roca de Togores, Ernesto Giménez Caballero. Entre la vanguardia y el fascismo, Valencia, Pre-Textos, 2000; F. Rodríguez Amaya, “Los carteles literarios de Giménez Caballero (GECE): Invención y crítica entre ludus, poesía y pintura”, en Ludus, cine, arte y deporte en la literatura española de vanguardia, Valencia, Pre-Textos, 2000, págs. 463-488; M. T. Pao, “Still(ed) Life: The Ekphrastic Prose Poems of Giménez Caballero”, en Revista canadiense de estudios hispánicos (Montreal), vol. 25, n.º 3 (2001), págs. 469-492; N. Dennis, “Ernesto Giménez Caballero y la modernidad cultural en España”, en E. Carmona y M. D. Jiménez Blanco (eds.), Creadores de arte nuevo, Madrid, Fundación Cultural Mapfre Vida, 2002, págs. 253-272; I. Saz Campos, España contra España. Los nacionalismos franquistas, Madrid, Marcial Pons, 2003, págs. 105-118; E. Selva Roca de Togores, “Gecé y la ‘vía estética’ al fascismo en España”, en F. Gallego y F. Morente (eds.), Fascismo en España, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, págs. 69-108; E. Miralles García, “La Guerra de la escritura: elecciones discursivas de los escritores-soldados en la campaña militar sobre Marruecos (1920-1924)”, en Salina (Universitat Rovira i Virgili, Tarragona), n.º 19 (2005), págs. 115-120; J. C. Mainer, “Ernesto Giménez Caballero o la inoportunidad”, pról. a E. Giménez Caballero, Casticismo, nacionalismo y vanguardia (Antología, 1927-1935), op. cit., págs. IX-LXVIII.

 

Enrique Selva Roca de Togores