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Vicente Armesto Hernández

Biografía

Armesto Hernández, Vicente. Madrid, 22.I.1801 – ?, s. m. s. xix. Político, ministro.

Bautizado al día siguiente de su nacimiento en la iglesia parroquial de San Martín de Madrid, Vicente Armesto Hernández era el primer hijo varón de los también madrileños José Armesto Segovia e Ignacia Hernández de Solana. Habiendo sido su abuelo paterno, Antonio Marcelino Armesto, oficial mayor de la Contaduría de Valores de la Real Hacienda y su progenitor contador decano de 1.ª clase del Tribunal Mayor de Cuentas, parecía que la carrera funcionarial en el ámbito de la contabilidad pública le estaba marcada. Así fue.

Para ello cursó durante el bienio de 1814-1816 estudios de latinidad, humanidades y filosofía en el Real Seminario de Nobles de Vergara (Guipúzcoa), ampliándolos después en Madrid a las materias de matemáticas puras, dibujo, lengua, historia, taquigrafía, economía política y ciencias naturales. Esta formación la compatibilizó con el puesto de escribiente meritorio, desde febrero de 1819, en la Contaduría General de Rentas Decimales del Reino y, desde marzo de 1821, al lado de su padre, en la Contaduría Mayor de Cuentas.

Había transcurrido entonces un año del restablecimiento de la Constitución de Cádiz, que marcó el inicio del Trienio Liberal. Pues bien, Vicente Armesto se adhirió firmemente a este cambio político y su expresión fue su ardorosa defensa desde las filas de la milicia activa. Así, ostentando desde abril de 1821 el grado de subteniente de este cuerpo en el regimiento provincial de Compostela, tuvo una destacada actuación en el fracaso de la sublevación anticonstitucional de la guardia real de Madrid en julio de 1822.

Condecorado por ella con la cruz establecida por esos sucesos y declarado benemérito de la patria, al mes siguiente obtuvo licencia del Ministerio de Hacienda para incorporarse a la guarnición de ese regimiento en Ferrol (La Coruña). En noviembre se integró en el regimiento de la milicia activa de Talavera de la Reina (Toledo) y, tras estar un tiempo en Madrid en el ejército comandado por el coronel Abisbal, en mayo de 1823 con aquél pasó a formar parte de la reserva del ejército de Extremadura. Descollando en las acciones en las que éste participó, en julio fue declarado de nuevo benemérito de la patria y en agosto fue nombrado oficial adicto al Estado Mayor. Finalmente, con la disolución de esta fuerza, convenida en la capitulación en noviembre ante las tropas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, obtuvo autorización para retirarse.

Por esta actuación durante los diez años siguientes de la Monarquía de Fernando VII, dominados por el más crudo absolutismo, se le cerraron las posibilidades de reiniciar su carrera pública. Tuvo que esperar al fallecimiento de este Monarca y al tímido aperturismo que vino con la Regencia de María Cristina, para de la mano de Francisco Javier de Burgos ocupar el puesto de oficial de 3.ª clase, primero, en enero de 1834 en la Subdelegación de Fomento de Gerona y, después, desde febrero, en la de Salamanca. Progresando en el escalafón se mantuvo tras el cambio de denominación de esa institución por la de Gobierno Civil, que acompañó al Estatuto Real. Bajo la vigencia de este texto político y del Gobierno conservador de Francisco Martínez de la Rosa, en marzo de 1835 pasó al Tribunal Mayor de Cuentas como oficial de la clase 2.ª en la sección temporal de atrasos.

Alcanzado el objetivo deseado, a él se aferró con fuerza, logrando mantenerse en la institución a pesar de los cambios políticos. En la base para conseguirlo debió encontrarse el desempeño competente de los cometidos asignados, al que correspondió, por un lado, la concesión en enero de 1838 de sendas cruces de Caballero de la Orden americana de Isabel la Católica y supernumeraria de la Real y Distinguida Orden de Carlos III; y, por otro lado, el ascenso en la carrera: contador decimocuarto en diciembre de 1838, duodécimo en mayo de 1840, octavo en diciembre de 1841, séptimo en marzo de 1842 y contador de las secciones corrientes en octubre de 1844.

Pero también en este progreso, que le permitió atravesar el proceso constituyente y la promulgación del Código político de 1837, la revolución de septiembre de 1840 y el trienio progresista bajo la Regencia de Baldomero Espartero y el inicio del reinado efectivo de Isabel II con el despliegue de la década moderada, parece que tuvo mucho que ver la protección familiar.

Así, a la influencia ya citada del padre, debe sumarse la de su suegro, Antonio Campuzano, consejero honorario de guerra y oficial mayor del Ministerio de Marina. Así, detrás de ella se encuentra su nombramiento en septiembre de 1845 como secretario de la Junta encargada de la formación del catálogo científico, artístico e historial de la Real Armada. Pero el matrimonio con la hija de éste, María de las Mercedes Campuzano González, le otorgó el que sería el apoyo fundamental, el de la familia Clonard, a través del cabeza de la misma, el conde de igual nombre, el general Serafín Sotto, casado con Joaquina Campuzano González. Un respaldo que, además, contando con una notable presencia en la Corte de Isabel II, se vio reforzado por una estrecha vinculación afectiva, como lo demuestra el hecho de que en el testamento de Vicente Armesto y su esposa, escriturado en diciembre de 1843 declarando a sus hijos Vicente y María Soledad herederos universales, se nombrara albacea al mencionado cuñado.

En esta relación familiar, más que en la adscripción a la tendencia conservadora autoritaria de Partido Moderado, en la que se situaba ese conde, se encuentra la razón de la participación de Vicente Armesto como ministro de Hacienda en el gabinete que éste presidió a mediados de la década moderada. No fue lo mejor que le pudo pasar. Primero, porque este ejecutivo, producto de una intriga palaciega contra el hasta entonces presidente del ejecutivo Ramón María Narváez, duró veinticuatro horas repartidas entre los días 19 y 20 de octubre de 1849, ya que, al ser tan adversa la reacción de la opinión pública, a Isabel II no le quedó más remedio que retrotraerse en su decisión y volver a otorgar la confianza al duque de Valencia.

Segundo, porque éste no tuvo miramiento alguno con los implicados en la trama, incluyendo a Vicente Armesto, que vio definitivamente concluida su carrera como contador en el Tribunal Mayor de Cuentas.

Con todo, algo sí le quedó: desde junio de 1850 en calidad de “ex ministro” disfrutó de una cesantía de 40.000 reales.

 

Bibl.: Extracto de la causa seguida a Sor Patrocinio por el Juzgado del Barquillo, precedida de todo lo acaecido en la subida al poder y caída del Ministerio Clonard-Manresa-Balboa, Madrid, Imprenta de D. B. González, 1849; Anónimo, Los Ministros en España desde 1800 a 1869. Historia contemporánea por Uno que siendo español no cobra del presupuesto, vol. III, Madrid, J. Castro y Compañía, 1869-1870, pág. 489; J. L. Comellas, Los moderados en el poder, 1844-1854, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1970; J. Martínez Ruiz, Filiación de los seminaristas del Real Seminario patriótico bascongado y de nobles de Vergara, San Sebastián, Real Sociedad Vascongada de los Amigos de País, 1972, págs. 79-80; I. Llorca, Isabel II y su tiempo, Madrid, Ediciones Istmo, 1984 (3.ª ed.); A. Rull Sabater, Diccionario Sucinto de Ministros de Hacienda (siglos xix y xx), Madrid, Ministerio de Economía y Hacienda, 1991, pág. 63; VV. AA., Ministros de Hacienda de 1700 a 2004. Tres siglos de historia, Madrid, Ministerio de Hacienda, 2003, pág. 68.

 

Javier Pérez Núñez

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