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Francisco Preciado de la Vega

Biografía

Preciado de la Vega, Francisco. Sevilla, 1713 – Roma (Italia), 10.VII.1789. Tratadista y pintor.

Este pintor, una de las figuras más importantes del movimiento academicista europeo del siglo xviii, se trasladó a vivir a Roma junto al escultor Felipe de Castro en el año 1732. La historiografía se ha ocupado tradicionalmente del estudio de su actividad como pintor así como de su labor como promotor de los cenáculos académicos y de su interés por transmitir el ideario artístico de su época por escrito. El artista se desplazó a Italia aconsejado por Francisco de Vieyra, el pintor de Cámara del rey de Portugal, quien le habló de la conveniencia de abandonar el taller de Domingo Martínez para completar su formación en el país vecino. Durante sus primeros años de estancia en la capital italiana se presentó al Concurso Clementino y en una de las convocatorias ganó el segundo premio en la prueba ex tempore de la academia con una representación de la escena bíblica de “Susana y los viejos”. Felipe V le concedió una pensión anual de 500 ducados en 1740, una decisión en la que influyó la recomendación del ministro plenipotenciario de España en Roma, el cardenal Troyano Acquaviva. Años más tarde fue nombrado pensionado de la Academia de San Fernando, una circunstancia que se produjo gracias a los informes que Preciado de la Vega redactó acerca del funcionamiento de las academias en Europa, y que debían servir de base para la redacción de los estatutos del cenáculo madrileño.

En este mismo período, el pintor fue nombrado director de los pensionados en Roma, un cargo que le mantuvo en contacto con el panorama creativo hispánico y que le granjeó no pocos problemas.

En Roma estrechó los vínculos con la Academia de San Lucas, una institución de la que fue nombrado académico en el año 1749 junto a otros prestigiosos españoles como Felipe de Castro, Francisco Vergara o Ventura Rodríguez. Sebastiano Conca, su maestro, favoreció su entrada en el cenáculo e incluso posiblemente en este ámbito conoció a su esposa, una pintora italiana llamada Catalina Cherubini. Preciado de la Vega fue elegido en dos ocasiones tanto príncipe como secretario de la Academia de Artistas y arcade del Colegio de los Arcades Romanos. Sus conocimientos acerca de la enseñanza artística le llevaron a ocuparse, a partir del año 1754, de la promoción de la escuela del desnudo, un espacio de aprendizaje destinado a los más jóvenes auspiciado por Benedicto XIV, quien dotó a la institución de una renta de 300 escudos anuales e incluso regaló una parte de su colección de pinturas. Los vínculos que mantuvo con las academias constituyeron un obstáculo para su carrera como pintor, una circunstancia que la crítica se ha ocupado de resaltar señalando que dedicó poco tiempo a la práctica de su profesión. Sin embargo, el artista no era consciente de esta situación puesto que no dudó en solicitar, en el año 1760, el cargo de pintor de cámara del rey de España y para ello solicitó una carta de recomendación al embajador en Roma, cuyos contenidos resultan de gran interés para comprender las actividades que Preciado había realizado desde su llegada a Roma. Este informe, recientemente publicado por el doctor Cornudella, confirma que su producción artística fue mucho más extensa de lo que en la actualidad se sabe y que incluso pudo enviar una serie de cuadros a México que todavía no se han identificado.

En cuanto a su actividad como pintor, el primer testimonio conocido es un pequeño óleo pintado sobre cobre en el que representó el Milagro de santa Casilda, una obra fechada en el año 1738 que se conserva en una colección madrileña. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando custodia un esbozo con la representación de El sacrificio de la hija de Jefte, fechado en 1746; un cuadro —junto a un dibujo preparatorio— con el tema de La Alegoría de la Paz y dos bocetos en los que ideó respectivamente la Alegoría de la Historia y la Alegoría de la Religión. En cambio, en la Academia de San Lucas, sólo se conserva un óleo de pequeñas dimensiones en el que representó el encuentro entre Judá y Thamar. En cuanto a la producción religiosa que realizó para las iglesias romanas hay noticia de la existencia de un cuadro de altar con la representación de la Sagrada Familia destinado a la iglesia de los SS. Quaranta Martiri así como una recreación de un episodio de la vida de san Pascual Bailón. Ambas obras fueron realizadas en la década de 1740 a instancias del cardenal Troiano Acquaviva. Los trinitarios calzados que gestionaban la iglesia de la Santísima Trinidad le solicitaron una pintura sobre la Inmaculada Concepción, un retrato del venerable Simón de Rojas y un cuadro para el altar de la sacristía con la representación de la Misa de san Juan de Mata, fechado en el año 1757. En la iglesia de Santa María de Montserrat en Roma se conserva, asimismo, una imagen de la Virgen del Pilar con el apóstol Santiago y san Vicente Ferrer, ejecutado en el año 1768. En la actualidad, se conserva en una de las dependencias del palacete anexo a Montserrat un cuadro de Preciado de la Vega, San Ildefonso que recibe la casulla de la Virgen, que procede de la desaparecida iglesia de Santiago. Se tienen noticias de la existencia, en el templo romano dedicado a este apóstol, de una representación de San Cosme y San Damián, hoy en paradero desconocido. La carrera de Preciado de la Vega como pintor en Roma estuvo estrechamente vinculada a los institutos religiosos y a la representación diplomática española, un hecho que confirma que su prestigio y su proyección eran muy modestos, fundamentalmente porque vivía en un ambiente artístico muy exigente y competitivo.

La historiografía española, en cambio, se ha ocupado de la descripción de un cuadro ovalado, conservado en una capilla de la Catedral de Vic, con la representación de La glorificación de san Miguel de los Santos, un lienzo posiblemente pintado en Roma para la beatificación del santo en mayo de 1779. Asimismo, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona custodia un cuadro de Santa Catalina de Alejandría, cuya iconografía reprodujo el grabador Francesc Fontanals i Rovirosa. Mayor originalidad reviste el argumento elegido para la representación de El venerable Contreras con unos niños cautivos, que actualmente se puede contemplar en la Catedral de Sevilla. Se desconoce, en cambio, donde se encuentra un cuadro con la representación del Apóstol Santiago, realizado en el año 1760 para la embajada española en Londres, y cuya composición se conoce gracias a un dibujo conservado en el Museo del Prado. Menor interés ha despertado el autorretrato conservado en la Galleria degli Uffizi, una obra realizada en 1769 cuando tenía cincuenta y seis años. El pintor se retrató con un volumen del tratado Pictor Christianus Eruditus, una obra escrita por el mercedario Interián de Ayala en el año 1760, que Preciado describió en su propio corpus estético. La investigación realizada por el profesor Cornudella ha sacado a la luz otras facetas menos conocidas de Preciado de la Vega, como su actividad como diseñador de máquinas o aparatos civiles para la celebración de las fiestas de la Chinea, en las que participó desde el año 1744 hasta 1750 y que se conoce gracias a los grabados de los dibujos que, a menudo, realizó su amigo Miquel Sorellò. Este grabador catalán colaboró estrechamente con el sevillano en proyectos bibliográficos encargados tanto por escritores españoles como italianos. Uno de los más conocidos fue solicitado por Alfonso Clemente de Arostegui, autor de una oración titulada “Historia Ecclesiae Ispaniensis Excolenda Exhortatio ad Hispanos”, impresa en Roma en 1747 con dos grabados de Miquel Sorellò a partir de sendos dibujos de Preciado de la Vega. El archivero de la Embajada de España ante la Santa Sede, Domingo López de Barrera, también incorporó varios grabados similares a sus publicaciones, señal inequívoca de la estrecha relación que Preciado de la Vega mantenía con el cuerpo diplomático español.

En una de estas publicaciones, La vita della gran madre di Dio Mari Vergine, publicada en 1774, también se incluyeron una serie de dibujos realizados por Nicolas Poussin.

En cuanto a su producción literaria, la historiografía ha destacado tradicionalmente la publicación en 1789 de la Arcadia pictórica en Madrid. Un compendio doctrinal muy elemental que Preciado de la Vega firmó con el seudónimo que había adoptado en la Arcadia Pictórica, Parrasio Tebano, y que puede considerarse como una aportación dirigida a los artistas más jóvenes para la cual adoptó el método del “arte de la memoria”. Para su redacción el artista utilizó como fuente una de las obras de Roger de Piles, L’idèe du peintre parfait, publicada por primera vez en el año 1681. Menor interés ha despertado la existencia de una carta abierta, escrita el 20 de octubre de 1765, dirigida a Giovanni Battista Ponfredi, en la que expresaba su opinión acerca de los principales representantes de la pintura española. El contenido de esta carta fue divulgado en la enciclopedia de monseñor Bottari, la Raccolta sulla pittura, scultura e architettura, una magna publicación en la que un grupo de eruditos reeditaron algunos de los textos publicados con anterioridad. Por último, la literatura artística le ha atribuido la redacción de una carta en la que Preciado contestaba a los artistas de Venecia con ocasión de una consulta que le habían hecho durante una de sus etapas como príncipe de la academia de San Lucas.

Melchor Missirini, uno de los estudiosos de la institución, dio a conocer su contenido aunque todavía no se ha encontrado el original de la misma. Por último, conviene señalar que el pintor cultivó también el género de la lírica, tanto en lengua castellana como italiana; de hecho, se conocen dos testimonios manuscritos recogidos en la primera página del ejemplar del libro Vita della grande madre di Dio Maria Vergine que regaló a la Academia de San Fernando en 1774.

Asimismo, escribió varios sonetos religiosos que posiblemente leyó en las reuniones de la Arcadia Pictórica, así como poemas sobre las bellas artes que recitó en público con ocasión de las entregas de premios a los jóvenes artistas en el Capitolio. En su idioma natal, en cambio, hay noticia de la existencia de un largo poema enviado a la Academia de San Fernando para ser leído —e impreso— en un certamen de premios.

Un año antes de su muerte recibió el último homenaje por parte de la comunidad de artistas, quienes reconocieron su papel en la promoción de la vida académica y le nombraron, junto a su mujer, académico de honor de la Academia Clementina de Bolonia.

Francisco Preciado de la Vega murió en Roma en 1789 y fue enterrado, por expreso deseo del cardenal Despuig, en la iglesia de Santa Susana.

 

Obras de ~: Pinturas: Milagro de santa Casilda, 1738; esbozo para el El sacrificio de la hija de Jefte, 1746; La Alegoría de la Paz, boceto de la Alegoría de la Historia; boceto de la Alegoría de la Religión; Encuentro entre Judá y Thamar; Sagrada Familia, iglesia de los SS. Quaranta Martiri de Roma; Episodio de la vida de san Pascual Bailón; Misa de san Juan de Mata, iglesia de la Santísima Trinidad de Roma, 1757; Imagen de la Virgen del Pilar con el apóstol Santiago y san Vicente Ferrer, iglesia de Santa María de Montserrat en Roma, 1768; Autorretrato, 1769; San Ildefonso recibe la casulla de la Virgen; La glorificación de san Miguel de los Santos, Catedral de Vic, 1779; Santa Catalina de Alejandría; El venerable Contreras con unos niños cautivos.

Escritos: Arcadia Pictórica en sueño, alegoría ó poema prosaico sobre la teórica y práctica de la pintura dividida en dos partes, Madrid, 1789; G. G. Bottari, Raccolta di lettere sulla pittura, scultura ed architettura scritte da’ piu celebri personaggi dei secoli 15., 16., e 17, Milano, Silvestri, 1822-1825; M. Missirini, Memorie per servire alla storia della Romana Accademia di S. Luca fino alla morte di Antonio Canova, Roma, Stamperia De Romanis, 1823.

 

Bibl.: O. Marrini, Serie di ritratti di celebri pittori dipinti di propia mano, Firenze, 1766, págs. XXV-XXVI; F. J. Sánchez Cantón, Fuentes literarias para la historia del arte español, vol. V, Madrid, Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, 1923-1941; A. López de Meneses, “Las pensiones que en 1758 concedió la Academia de San Fernando para la ampliación de estudios en Roma”, en Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, n.º 41 (1933), págs. 253-300, y n.º 42 (1934), págs. 2-69; C. Pietrangeli, “L’Accademia del nudo in Campidoglio”, en Strenna dei Romanisti (1958), pág. 123; M. A. Alonso Sánchez, Francisco Preciado de la Vega y la Academia de Bellas Artes; artistas españoles que han pasado por Roma, Madrid, Universidad, Facultad de Filosofía y Letras, 1961; C. Bedat, L’Académie des Beaux-Arts de Madrid 1744- 1808, Toulouse, 1974; M. V. Sanz Sanz y F. J. León Tello, Tratadistas españoles del arte en Italia en el siglo xviii, Madrid, Universidad Complutense, 1981, págs. 215-284; J. F. Moffit, “La Arcadia Pictórica (1789) of Preciado de la Vega and The Ars Memoriae (for W.S.Heckscher)”, en Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, n.º 23 (1986), págs. 27-34; S. Cánovas del Castillo, “Artistas españoles en la Academia de San Lucas de Roma 1740-1808”, en Academia. Boletín de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, 68 (1989), págs. 183- 184; J. Urrea Fernández, “Tiepolo y Preciado de la Vega en la Embajada de Londres”, en Boletín del Museo del Prado, vol. 15, n.º 33 (1994), págs. 53-58; M. Gori Sassoli, Della Chinea e di altre machine di gioia. Apparati architettonici per fuochi d’artificio a Roma nel Settecento, catálogo de exposición (Villa Farnesina), Roma, 1994; R. Cornudella i Carré, Para una revisión de la obra pictórica de Francisco Preciado de la Vega: Sevilla 1712-Roma, 1789, Barcelona, Universitat Autónoma, Servei de Publicacions, 1997; “Para una revisión de la obra pictórica de Francisco Preciado de la Vega (Sevilla 1712- Roma 1789)”, en Locus Amoenus, n.º 3 (1997), págs. 97-122; G. A. Ramallo Asensio, “Aportaciones a la obra pictórica de Francisco Preciado de la Vega, pintor sevillano en Roma”, en Laboratorio de Arte: Revista del Departamento de Historia del Arte, n.º 12 (1999), págs. 293-300; S. Muniain Ederra, “Arquitectura efímera y diplomacia: los Acquaviva y la imagen celebrativa de la Monarquía española ante la Santa Sede (1721-1746)”, en Reales Sitios, n.º 166 (2005), págs. 62-77; J. Urrea Fernández, Relaciones artísticas hispano-romanas en el siglo xviii, Madrid, Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2006.

 

Macarena Moralejo Ortega