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Paolo Antonio di Tarsia

Biografía

Tarsia, Paolo Antonio di. Pablo Antonio de Tarsia.

Conversano, 6.V.1619 – Madrid, 21.IX.1665. Abad de Sant’Antonio della Barba, historiador, agente, anticuario y poeta pullés afincado en España.

Los Tarsia, cuyo antiguo linaje gozaba de fuero de nobleza en las ciudades de Conversano y Monopoli, se hallaban desde hacía dos siglos bajo la protección de una de las más destacadas y beligerantes dinastías feudales del reino napolitano, los Acquaviva d’Aragona, condes de Conversano. De hecho, el padre de Paolo Antonio, el jurisconsulto Donato Maria di Tarsia, además de desempeñar las funciones de vicegobernador (propreside) y lugarteniente de la provincia de Otranto durante tres décadas, sirvió como auditor general de sus feudos a tres generaciones sucesivas de la familia Acquaviva d’Aragona. Su hijo Paolo Antonio, tras doctorarse en Teología por la Universidad de Nápoles el 22 de noviembre de 1642, se dio a conocer protagonizando, en apenas veinticuatro horas, dos actos académicos en la iglesia de San Lorenzo de la misma ciudad y publicando un panegírico de San Juan Bautista en lengua latina (1643) dedicado a Giulio Acquaviva d’Aragona, hijo del conde de Conversano. Este opúsculo le valió el ser invitado por el “príncipe” de la prestigiosa Accademia degli Oziosi, Giovan Battista II Manso, I marqués de Villa, a formar parte de la docta asamblea. Entre sus amigos se contaron los “oziosi” Flavio Ventrilla y Francesco de’ Pietri. Al año siguiente debió de pasar a Roma, donde su parentesco con el cardenal Anselmo Marzati y con el abad Giovanni Francesco di Tarsia, deudos ya fallecidos del poderoso cardenal Benedetto Pamphilj, le proporcionaba una excelente carta de presentación.

Muy poco antes de la elección de Pamphilj, que se convirtió en Inocencio X, la prometedora carrera curial de Tarsia se vio prematuramente truncada por la llamada del XX conde de Conversano, a punto de emprender el que sería su primer viaje a España y necesitado de un letrado trilingüe que le acompañase en calidad de secretario y de agente. La excarcelación del levantisco Conversano (30 de junio de 1644) llevaba aneja la condición de que en menos de quince días saliese de Nápoles y se presentase ante Felipe IV para rendir cuentas de los numerosos crímenes y desmanes que pesaban sobre él. Tras acudir al encuentro del Monarca en Zaragoza, Conversano se mantuvo a su servicio con unos gajes mensuales de 400 escudos (asignados por Real Decreto de 18 de marzo de 1645). La labor llevada a cabo por Tarsia, en calidad de agente radicado en Madrid, propició que su representado obtuviese el 26 de septiembre de 1645 la anhelada licencia real para reintegrarse a su patria.

Por otro lado, la animosidad que contra Conversano albergaba Ramiro Núñez de Guzmán, II duque de Medina de las Torres, se nutría de su firme convencimiento de que era necesario poner coto a las ambiciones neofeudales del célebre “Guercio delle Puglie”.

A ello se unía la animadversión personal de quien ejercía las funciones de virrey de Nápoles cuando llegó orden de Madrid para que el Consejo Colateral procediese, contra su parecer y con la consiguiente desautorización pública, a la liberación del conde. La actividad desplegada por Tarsia para obtener el perdón de su señor fue tenazmente contrarrestada por los hábiles manejos de Medina de las Torres. A resultas de un memorial solicitando la Grandeza de España para el conde de Conversano y el Toisón para su hijo Cosimo Acquaviva (1648) se llegó a ordenar, pretextando que contenía cláusulas poco decorosas para con la República de Venecia, el destierro de Tarsia a Guadalajara —una medida que fue revocada en el último momento—. No resulta difícil entender, dado el antagonismo de Medina de las Torres, que Tarsia buscase y encontrase apoyos estratégicos entre los rivales de éste. Se granjeó eficazmente la protección del primer ministro, Luis Méndez de Haro, VI marqués del Carpio, de quien se convirtió en capellán y, como tal, le dedicó una obra sobre los funerales que por su padre Diego López de Haro se celebraron en Madrid en 1648. Compaginando los desvelos de erudito y literato a los propios de agente nobiliario, Tarsia entró en contacto con toda una serie de personajes de “primera esfera” de la Corte madrileña, empezando por Felipe IV, a quien dedica un concienzudo estudio de las antigüedades de su Conversano natal (1649). De hecho, si se atiende a la lista de dedicatarios de sus obras, se pueden calibrar los réditos áulicos que de su dedicación literaria pensaba obtener Tarsia: el cardenal Baltasar de Moscoso y Sandoval, arzobispo de Toledo; Benito Trelles Coaña y Villamil, I marqués de Torralba, regente del Supremo Consejo de Italia; Domenico Zane, embajador de Venecia; y el cardenal Pascual de Aragón, hermano menor del que fuera su mecenas, el también cardenal Antonio de Aragón.

Proyectó asimismo dedicar al influyente Gaspar de Bracamonte y Guzmán, conde de Peñaranda, su Tractatus de nundinis, que nunca llegó a publicarse. No menos significativo es que Tarsia publicase en 1649 y dedicase a Francesco Antonio del Carretto, II marqués de Grana, embajador extraordinario de la Majestad Cesárea en Madrid, una obra que ensalzaba los esponsales de Felipe IV y Mariana de Austria, ya que se sabe que el padre de la novia, el emperador Fernando III, escribió el 22 de diciembre de ese mismo año a Grana para que interpusiese sus oficios en favor del conde de Conversano.

So pretexto de pacificar la Pulla, Otranto y Bari durante las revueltas de 1647-1648, el conde de Conversano aprovechó para cometer nuevos crímenes y abusos a los que ni siquiera puso freno en los años inmediatamente posteriores. Llamado por segunda vez a Madrid, Giangirolamo Acquaviva desembarcó en Alicante el 2 de octubre de 1651. Aunque se le permitió en un primer momento instalarse en Madrid, Medina de las Torres se movilizó para que poco después se decretase su alejamiento de la Corte en una especie de detención forzosa que duró más de una década.

Se abrió así un largo proceso penal en el que los memoriales de Tarsia, de Diego Bolero y Cajal y de Jerónimo Espinosa de Marañón se revelaron infructuosos ante la abrumadora evidencia que ofrecían los testimonios de las víctimas de Conversano. Tras arduos litigios, el 2 de junio de 1662 se declaró que el procesado era susceptible de acogerse al indulto general de 1648 otorgado por don Juan José de Austria en Nápoles. La medida de gracia, sin embargo, no surtió efecto a consecuencia de los recursos que interpusieron los personados en la causa, espoleados por Medina de las Torres. Finalmente, la petición de Conversano, anciano y fatalmente debilitado, de que le fuese permitido ir a morir a un lugar de costa fue atendida, poniendo fin a sus días en Barcelona en 1665, al poco de ser puesto en libertad.

Paolo Antonio di Tarsia pertenecía a una familia de consolidada tradición en la jurisprudencia. Además de su padre, sus hermanos Ottavio, Scipione y Blasio eran jurisconsultos. En concreto, su hermano mayor, el abate Ottavio, debió de contagiarle sus aficciones anticuarias, pues estaba al cargo del museo de antigüedades familiar y se sabe también que el menor, Blasio, arcediano de la catedral de Conversano, añadió notas eruditas a un divertimento poético de Paolo Antonio, titulado Europa singulas, atque præcipuas urbes, et oppida, singulis carminibus descripta continens (Lyon, 1661). Este curioso opúsculo fue compuesto en plena canícula sevillana junto a Francisco de Valdés y Godoy, buena prueba de las fluidas relaciones de Tarsia con literatos españoles.

La sólida erudición bíblica y clásica y las prácticas de sociabilidad literaria adquiridas en Nápoles fueron bien aprovechadas por Tarsia en Madrid, ciudad en la que se instala de modo permanente a partir de 1645. Mantuvo contactos con Giovanni Pierelli, residente del duque de Módena y autor, bajo el pseudónimo de Giuniano Elpireo, de la conocida obra Il direttore dell’ambasciate (Reggio, 1676). De él cuenta Tarsia que “ha escrito las vidas de todos los poetas”. Su relación con el cronista regio José Pellicer de Tovar y Ossau debió de ser particularmente estrecha, pues no sólo elogia éste los Historiarum Cupersanensium libri tres de Tarsia, sino que citó cartas originales del cardenal Cesare Baronio en posesión del erudito pullés. Otros de sus amigos fueron el abate Martino Lafarina, capellán mayor en el Reino de Sicilia, el cronógrafo regio Rodrigo Méndez Silva, Juan Tamayo de Salazar o el jesuita Juan Eusebio Nieremberg, a partir de cuyas obras compone un florilegio titulado Succus prudentiæ sacro-politicæ (Lyon, 1659). Decisiva fue la amistad con el sobrino carnal de Quevedo, Pedro Aldrete Carrillo Quevedo y Villegas, gracias a quien pudo visitar la Torre de Juan Abad e interesarse por la vida del escritor, de cuya etapa napolitana ya tenía noticias fidedignas por su común pertenencia, en épocas distintas, a la Accademia degli Oziosi. Aunque la Vida de Francisco de Quevedo Villegas (Madrid, 1663) de Tarsia ha sido cuestionada por la poca fiabilidad de algunos episodios, como el de la supuesta participación directa de Quevedo en la conjura de Venecia, y por su tono ejemplarizante, no cabe duda de que se trata de un texto de enorme interés. También lo es la obra Tumultos del Ciudad y Reyno de Nápoles en el año de 1647, publicación póstuma de 1670, a pesar de que no poco espacio se dedique a reivindicar, en clave filoespañola y con obvias intenciones apologéticas, las gestas bélicas del conde de Conversano durante la revuelta de Masianello.

No obstante la parcialidad de Tarsia para con su mecenas y para con la nobleza napolitana en general, conviene no minusvalorar su clarividente interés por un momento clave de la historia napolitana. Identifica en la gabela sobre la fruta el detonante de los tumultos, no sin antes aludir al efecto devastador de las continuadas y onerosas “asistencias” para la defensa de Milán con las que los Austrias españoles depauperaban el erario de un reino que Tarsia acertó a definir como “la India más rica, y más cercana de quantas tiene la Corona”.

Es ciertamente esta faceta de historiador la que merece destacarse: las antigüedades de Conversano no cayeron en el olvido y fueron reeditadas en el prestigioso Thesaurus de Graevius; la precursora biografía de Quevedo conoció una difusión notable; y se puede reconocer en los Tumultos de Nápoles uno de los primeros esfuerzos de reconstrucción histórica de los acontecimientos de 1647-1648. Estas dos últimas obras, así como los numerosos memoriales de Tarsia que se han conservado, dejan constancia de su dominio del castellano y de unos alardes de erudición que caracterizan, aún más si cabe, a sus numerosas obras en lengua latina.

 

Obras de ~: De S. Io. Baptistae humanæ salutis prodromi laudibus oratio panegyrica, Nápoles, Francesco Savio, 1643; Ara parentalis Didaco Lopez de Haro a Sotomayor Carpensium Marchioni, &c. vita functo epitaphiis, ac symbolis tumultuarie erecta, ornataque, Madrid, Julián de Paredes, 1648; Divae Virginis Insulanæ Cupersanensis historia, Madrid, Julián de Paredes, 1648; Historiarum Cupersanensium libri tres, Madrid, Julián de Paredes, 1649 (reeditado en: J. G. Graevius, Thesaurus Antiquitatum et Historiarum Italiae, IX(V), Lyon, Pierre Vander Aa, 1723); Nuptialis currus elogiis, ac symbolis apparatus ad hymenæos, Augustiss. et Potentiss. Philippi IV et Mariæ Annæ Hispaniar. Regg., Zaragoza, Imprenta del Hospital General, 1649 (existe una segunda impresión dedicada a Pietro Paolo Bonzi, obispo de Conversano); Memorial de Paolo Antonio di Tarsia, Madrid, c. 1650 (carece de título, ejemplar de la Real Academia de la Historia [RAH], sign. 9/4030(20)); Memorial a la Católica, y Real Magestad del Rey Nuestro Señor D. Felipe IV El Grande [...], Madrid, c. 1650 (ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid [BNM], sign. 2/51475(1)); Memorial sobre la calidad y servicios de su Casa, presentado a Felipe IV por Giangirolamo Acquaviva d’Aragona, Conte di Conversano, Madrid, c. 1651 (atribuido a Tarsia; carece de título, ejemplar de la BNM, ms. 10475, fols. 9r.-32r.); [...] Victoriam è Turcis latam in Bosphoro Thracio X. Kal. Iul. M.DC.LVI. centum ratibus quà mersis, quà captis, Madrid, s. n., 1656 (impreso extractado de una centuria de elogios que no se llega a publicar; ejemplar de la BNM, ms. 2384 fols. 367r.-370v.); Memorial politicohistorico, del doctor D. Pablo Antonio de Tarsia, que ofrece a la Catolica Magestad del Rey N. Señor D. Felipe IV El Grande [...], Madrid, s. n., 1657; Succus prudentiæ sacro-politicæ ex nonnullis R. P. Ioan Eusebii Nierembergii, Societ. Iesu, operibus expressus, & per locos communes digestus, Lyon, Claude Bourgeat & Michel Liétard, 1659; Europa singulas, atque præcipuas urbes, et oppida, singulis carminibus descripta continens, Lyon, Claude Bourgeat & Michel Liétard, 1661 (con notas de Blasio di Tarsia); Memoriales a la Catolica, y Real Magestad del Rey Nuestro Señor D. Felipe IV. El Grande por parte de Don Iuan Geronimo Aguaviva y Aragon, Conde de Conuersano, Duque de Nardò [...], Madrid, s. n., 1663 (ejemplar de la BNM, sign. 3/6565); Vida de Don Francisco de Queuedo y Villegas, Cauallero del Orden de Santiago, Secretario de su Magestad, y Señor de la Villa de la Torre de Iuan Abad, Madrid, Pablo de Val, 1663 (ed. facsímil con prólogo de F. B. Pedraza Jiménez, Aranjuez, Ara Jovis, 1988); Tumultos de la Ciudad y Reyno de Napoles, en el año de 1647, Lyon, Claude Bourgeat, 1670.

Obras no publicadas ni localizadas en ms.: Tractatus de subterraneis; Tractatus de nundinis (dividido en dos libros y dedicado al conde de Peñaranda); Feralium animaduersionum subcesiuus calamus (obra compuesta de al menos seis libros que “trata[n] de los desatinos de los medicastros”); una centuria de epigramas latinos; una centuria de elogios latinos (Tarsia dice estar componiendo elogios “à todos los Consejeros desta Corte”); una biografía del cardenal Cesare Baronio (con observaciones sobre un volumen de cartas originales del cardenal en poder de P. A. di Tarsia); Opus de manna (dividido en ocho libros); un libro sobre las derrotas sufridas por los franceses en Italia en diferentes tiempos; memoriales varios.

 

Fuentes y bibl.: Archivo Histórico Nacional, Estado, legs. 1334-1335, J. Silvestre de Salazar, Papeles de la causa contra el conde de Conversano; R. Núñez de Guzmán, duque de Medina de las Torres, Cartas dirigidas a Felipe IV, Madrid, 1651-1652, BNM, ms. 9926, fols. 216r.-226v.; J. Pellicer de Tovar y Ossau, Excerpta ex variis auctoribus et quaedam aliae annotationes, BNM, ms. 897, fol. 106.

D. de Bolero y Cajal, Ius, et factum pro comitæ Conversani [...], Madrid, c. 1650 (ejemplar de la RAH, sign. 9/3784(4)); J. de Espinosa Marañón, Discurso legal en defensa de la justicia de Iuan Geronimo Agua Viua y Aragon, Conde de Conuersano [...], Madrid, s. d. (ejemplar de la Fundación Universitaria Española, sign. XIV/402 (13)); N. Antonio, Bibliotheca hispana nova sive hispaniorum scriptorum qui ab anno MD. ad MDCLXXXIX. floruere notitia, Madrid, Joaquín de Ibarra, 1783-1788, II, pág. 363; S. Simone, “Paolo Antonio Tarsia”, en Rassegna pugliese di scienze, lettere ed arti, IX (1894), págs. 140-141; J. O. Crosby, “Quevedo’s Alleged Participation in the Conspiracy of Venice”, en Hispanic Review, 23/4 (1955), págs. 259-273; E. Fasano Guarini, “Giovan Girolamo Acquaviva d’Aragona”, en Dizionario biografico degli italiani, t. I, Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1960, págs. 193-196; J. E. Varey y A. M. Salazar, “Calderón and the Royal Entry of 1649”, en Hispanic Review, 34/1 (1966), págs. 1-26; A. Galiano, Il guercio delle Puglie, Milán, Mursia, 1967; F. Fernández Murga, “Francisco de Quevedo, académico ocioso”, y A. Martinengo, “La ‘Vida de Quevedo’ de Paolo Tarsia: discours y récit”, en II Homenaje a Quevedo (Actas de la II Academia Literaria Renacentista, Salamanca, 10-12 de diciembre de 1980), Salamanca, Universidad, 1982, págs. 42- 52 y págs. 59-68, respect.; A. Spagnoletti, Prìncipi italiani e Spagna nell’età barocca, Milán, Bruno Mondadori, 1996; F. B. Pedraza Jiménez, “Prólogo”, en Vida de Don Francisco de Queuedo y Villegas, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 1997, págs. vi -xxi ; A. Spagnoletti y G. Patisso, Giangirolamo II Acquaviva. Un barone meridionale nella crisi del Seicento. Dai memoriali di Paolo Antonio di Tarsia, Galatina, Congedo, 2000.

 

Jorge Fernández-Santos Ortiz-Iribas